Hasta en sueños
Estoy en una habitación de hotel, en una ciudad que no es la mía. Me pregunto qué hago con él, y a qué se debe la extraña y agradable tensión entre nosotros. Entonces lo recuerdo. Ayer me pidió que me casara con él. ¿Por qué tras tantos años? ¿Por qué si no estamos juntos? Me acuesto con él, y gozo de una tarde de sexo satisfactorio. Regreso a casa, y pienso que debo avisar a mis amigas, me caso dentro de tres días. Pero ellas ya lo saben. Pienso en invitados, vestido, celebración, luna de miel. Como por inercia, vivo lo que en ese momento me trae la vida. Entonces me entra el pánico. ¿Por qué voy a casarme? Si no sé si le quiero, si ya no hay nada entre nosotros. ¿Estoy siguiendo el camino por comodidad, por conformismo, por intuición? Entonces una amiga me coge de la mano y me saca a la calle. Empezamos a caminar y la acera está llena de hojas secas, debe ser otoño. Las empiezo a barrer obsesivamente, hasta que ya no queda ni una y el camino esta totalmente despejado. Pero de repente veo un montón de hojas delante mio. Mi amiga me pregunta si creo que si barro estas ya está. Y me señala otro montón, y otro. Y más allá uno de troncos en lugar de hojas. Entonces me explica, que lo de la boda no era verdad, que lo habían organizado todo para que me diera cuenta de que podría haber sido feliz con esa situación, aunque no la hubiera planeado. Y para mostrarme que siempre hay dificultades, que volverán a caer hojas por mucho que las barra. Me pongo a llorar, en parte por el alivio de saber que lo de la boda no es real, que puedo escoger mi futuro, y en parte por la lección que me acaban de ofrecer. Porque el camino no es perfecto, porque me molestaban las hojas, pero no sabía lo que podía ser quitar troncos. Y la belleza del otoño era también las hojas, pisarlas y oirlas crujir bajo nuestros pasos firmes.
tiritando- dijo
A veces la Belleza está en los Ojos que MIran.
11 Mayo 2006 | 12:16 PM