Qué poco sirve la educación reglamentaria para la vida. Mira que sabía lo del falso dilema. Parece que sólo hay dos opciones A o B, y ninguna te convence, y enumeras pros y contras de ambas, y lo miras desde mil puntos de vista, desde la razón y desde la emoción, e imaginas la potencial toma de decisión de una y otra, y sus consecuencias. Y te ilusionas, y te desesperas. Sientes la locura de creer ahora una, ahora la otra, de tener argumentos para ambas y para ninguna. ¿Y la opción C? ¿Tanto costaba ver la C?