Sagrera. Se abren las puertas. Línea roja. Mujer de 51 años. Hombre mayor, tendría más de 70.
Ella: Porque ayer acompañé a una prima mía al abogado, y ya me lo dijo él, que yo no tenía ni un pelo de tonta. Que se me notaba. Me lo vió, si si, y tiene razón. Claro, y no es que mi madre me pariera lista, me parió como a cualquiera. Todos nacemos igual, eso es así. Pero es que es la vida. Yo tengo 51 años. La vida te hace aprender. Hay situaciones y… tienes que sobrevivir. Y aprendes, claro que aprendes. Nadie te saca las castañas del fuego. La gente joven no sabe. No han aprendido todavía las cosas de la vida. Ya lo verán ya.
Mira hacia él. Sonrisa cómplice. Le dice: ¿a que si? Él no contesta, sonríe.
Plaza Universidad. Se baja ella.
Él (me mira y dice): Parece que tenía ganas de comunicarse.
:)
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Vuelvo aquí después de más de un año, releo mis posts, leo a viejos amigos que siguen aquí, otros ya no...Curioso como el tiempo pasa cambiando algunas cosas a su paso y manteniendo otras intactas. Mi motivo para volver a postear es el intento de llevar a cabo una pequeña investigación, por motivos de interés teórico, pero sobretodo personal, sobre el trastorno obsesivo-compulsivo. Quisiera saber si sabéis qué es, sus variantes y manisfestaciones y si lo sufrís de algún modo. Hay varias páginas web en inglés, de información, de forums, pero no hay demasiadas en español. Parece ser que la "enfermedad de la duda" pasa bastante desapercibida, a pesar de que no son pocas las personas que la padecen, aunque algunas no lo saben. Sí, la duda puede ser patológica.
gracias y un abrazo a todos.
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Estoy en una habitación de hotel, en una ciudad que no es la mía. Me pregunto qué hago con él, y a qué se debe la extraña y agradable tensión entre nosotros. Entonces lo recuerdo. Ayer me pidió que me casara con él. ¿Por qué tras tantos años? ¿Por qué si no estamos juntos? Me acuesto con él, y gozo de una tarde de sexo satisfactorio. Regreso a casa, y pienso que debo avisar a mis amigas, me caso dentro de tres días. Pero ellas ya lo saben. Pienso en invitados, vestido, celebración, luna de miel. Como por inercia, vivo lo que en ese momento me trae la vida. Entonces me entra el pánico. ¿Por qué voy a casarme? Si no sé si le quiero, si ya no hay nada entre nosotros. ¿Estoy siguiendo el camino por comodidad, por conformismo, por intuición? Entonces una amiga me coge de la mano y me saca a la calle. Empezamos a caminar y la acera está llena de hojas secas, debe ser otoño. Las empiezo a barrer obsesivamente, hasta que ya no queda ni una y el camino esta totalmente despejado. Pero de repente veo un montón de hojas delante mio. Mi amiga me pregunta si creo que si barro estas ya está. Y me señala otro montón, y otro. Y más allá uno de troncos en lugar de hojas. Entonces me explica, que lo de la boda no era verdad, que lo habían organizado todo para que me diera cuenta de que podría haber sido feliz con esa situación, aunque no la hubiera planeado. Y para mostrarme que siempre hay dificultades, que volverán a caer hojas por mucho que las barra. Me pongo a llorar, en parte por el alivio de saber que lo de la boda no es real, que puedo escoger mi futuro, y en parte por la lección que me acaban de ofrecer. Porque el camino no es perfecto, porque me molestaban las hojas, pero no sabía lo que podía ser quitar troncos. Y la belleza del otoño era también las hojas, pisarlas y oirlas crujir bajo nuestros pasos firmes.
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Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca
debes rogar que el viaje sea largo,
lleno de peripecias, lleno de experiencias.
No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes,
ni la cólera del airado Posidón.
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta
si tu pensamiento es elevado, si una exquisita
emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo.
Los lestrigones y los cíclopes
y el feroz Posidón no podrán encontrarte
si tú no los llevas ya dentro, en tu alma,
si tu alma no los conjura ante ti.
Debes rogar que el viaje sea largo,
que sean muchos los días de verano;
que te vean arribar con gozo, alegremente,
a puertos que tú antes ignorabas.
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,
y comprar unas bellas mercancías:
madreperlas, coral, ébano, y ámbar,
y perfumes placenteros de mil clases.
Acude a muchas ciudades del Egipto
para aprender, y aprender de quienes saben.
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca:
llegar allí, he aquí tu destino.
Mas no hagas con prisas tu camino;
mejor será que dure muchos años,
y que llegues, ya viejo, a la pequeña isla,
rico de cuanto habrás ganado en el camino.
No has de esperar que Ítaca te enriquezca:
Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje.
Sin ella, jamás habrías partido;
mas no tiene otra cosa que ofrecerte.
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia,
sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.
Konstantínos Kaváfis
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Termina el invierno, termina un periodo de gestación: difícil, intenso, productivo. Que de algún modo marcará un antes y un después. Todos los años se aprende, todos los días se aprende. Pero hay periodos especiales. Qué duro el último trecho, cuando el parto es inminente. Ahora, con un pie en el despertar. Con las conclusiones en la punta de la lengua. Con palabras de otros, pero que no son suficientes, que nunca son lo mismo. Con los contenidos flotando, buscando su forma precisa...
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Qué poco sirve la educación reglamentaria para la vida. Mira que sabía lo del falso dilema. Parece que sólo hay dos opciones A o B, y ninguna te convence, y enumeras pros y contras de ambas, y lo miras desde mil puntos de vista, desde la razón y desde la emoción, e imaginas la potencial toma de decisión de una y otra, y sus consecuencias. Y te ilusionas, y te desesperas. Sientes la locura de creer ahora una, ahora la otra, de tener argumentos para ambas y para ninguna. ¿Y la opción C? ¿Tanto costaba ver la C?
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El olor a café impregnará mi mañana.
Abriré las ventanas al sol y a la brisa.
Entre miel y almendras me bañaré.
Cocinaré con ajo, curry y pimentón.
Del balcón colgaré una hamaca.
En tardes de lluvia beberé leche con canela.
Por la noche vino y nueces.
Vestiré ropa de algodón, los pies siempre descalzos.
Plantaré un limonero y un naranjo, y flores, y cactus.
Entre palabras y melodías, soñaré sólo lo que tengo.
Al volver de alta mar, extenderé mi red en el suelo. Con perseverancia y paciencia desharé cada nudo. Y mañana volveré a enredar, a extender y a arreglar.
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La tristeza siempre puede más que la alegría. Es vanidosa y cree que tiene razón. Y se te clava en el pecho, y en el estómago y en el corazón...y subordina todos tus actos y pensamientos a su sinrazón, a su dictadura. Cuando aparece tienes que rendirle tributo hasta que le hayas llorado todas las lágrimas que cree que se merece. Es una déspota.
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